martes, 8 de junio de 2010

Crónica de un polvo

Cruzar esta puerta, dar un paso más,
significa consentir,
destapar nuestros deseos
sin llegarlos a decir.
Sé lo que piensas y qué sucederá.


Hurgan mis manos con premeditación,
planeo sin quererlo,
se activa mi instinto
anulando la razón.


Por unas horas estarás a mi merced,
voy a exprimir cada segundo.
¿Qué pasará mañana?
Ni me interesa ni lo sé.


Sólo pienso en quitarte la camiseta,
muralla de endeble firmeza
que separa nuestros torsos
y enclaustra el olor de tu piel.


La deslizo suavemente,
cae desplomada dejándote expuesto,
liberando formas y efluvios,
surcos por los que discurro
llegando a lugares secretos.


Cubro tu retaguardia,
urdo movimientos expertos
y desmonto tu defensa de apretado cinturón,
cremallera y botón.


La funda se desliza por las guías
dejando al descubierto toda tu artillería.


La bandera ondea a media asta.
En un par de segundos la izo con destreza.
Orgullosa, erguida y ufana.
No está sucia mas debo frotarla.
No sacia mas quiero comerla.


La inercia de la pasión
nos empuja hacia la cama.
Respiro tu aliento, palpo el corazón...
Mi vello se eriza con el roce de tu mirada.


Una mirada de loco,
una mirada de ansia.
Unos labios curiosos
que beben con gozo
el néctar y la savia.


Nos ciegan la lujuria
y la catarsis del placer.
Impensable que algo tan bello
como es tu cuerpo,
algo malo pueda contener.


Y a cien kilómetros por hora, sin air-bag ni cinturón,
uno tras otro,
mismo sentido,
misma dirección,
tú frenas, yo acelero,
choque trasero y un grito de dolor.


Hace las veces de lubricante
ese hilo de sangre,
emulsión de sentimientos.


Mi batuta marca el ritmo:
staccato, piano, forte,
ligado, crescendo y presto.
Se han transformado en gemidos
lo que antes fueron lamentos.


La ópera finaliza con un largo calderón.
Sostén la nota ahogada que he logrado arrancar de tu voz.




Aquella maldita noche
dejé en ti parte de mi alma.
Tu herida sangró,
pero de ello no queda siquiera cicatriz de batalla.


Sin embargo tú me regalaste algo más que tus nalgas,
me diste lo que no quería,
sentenciaste mis esperanzas.
Fuiste juez y verdugo de mis actos de inconsciencia,
pudiendo advertir el peligro
optaste por la inclemencia.


Y te culpo,
no lo niego,
la carne es débil,
la mente inquieta.
Y me engaño
cuando pienso
que cualquiera lo hubiese hecho.
Y me escondo
cuando veo
que asoma mi conciencia.
Y os digo
que esta mierda
no denota su presencia.
Que no avisa,
no recula
y no hace deferencias.
Que no entiende aún de curas,
ni de excusas,
ni de enmiendas.


Ya no puedo volver atrás...
Pero sé que haría si pudiera:
Sacrificar parte del placer y no mi vida,
enfundando el asta de la bandera.




                                                                                                    
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8 comentarios:

  1. miguel garcia8/6/10 23:16

    me gusta mucho :)

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  2. pot ser millor?
    mecaguenlaputa quina barreja de sentiments en un sol poema

    tres diferents:
    *amor y sensació de q way
    *corte de rollo y que mierda
    *y finalment: bravo

    ajajajaja
    artista! (L)

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  3. només em quedo des de: Y te culpo...
    fins al final.
    La resta del principi em sobra.

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  4. Pasión total en tus palabras.. es estremecedor leerlo me ha encantado y creo que tienes mucho que dar entre líneas con tu inspiración. saludos desde México. Araceli O.

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  5. el estado irracional en el ambiente
    sublime

    un saludo

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  6. Hacía tiempo que no leía algo que me transmitiera tanto, y una poesía ya ni te cuento. Me has quedado sin palabras y no sé como expresar lo que tengo dentro ahora mismo. Por lo menos un enhorabuena me sale, vaya. Te sigo la pista desde ya, no dejes de escribir.

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